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INTERCULTURALIDAD – EMIGRACIÓN

     Durante la mayor parte del siglo XX, un flujo importante de población andaluza emigró fuera de nuestra comunidad, tanto a otras comunidades autónomas como a otros países. Esta carta fue escrita por un hijo de emigrantes andaluces en Bélgica, 25 años después de su regreso a nuestra tierra. Lee atentamente la carta.

 

     “Cuanto más lejos te vayas del sitio donde te has criado, más cambian las costumbres y la forma de vida. Si esa distancia es lo suficientemente grande cmo para que además cambie el idioma, hay que pensar que se está verdaderamente necesitado para dar ese paso tan importante.

     En mi caso nos tenemos que trasladar a los años sesenta, y pensar que entonces nuestros padres solo habían dispuesto de unos estudios básicos (por llamarlos de alguna forma). Este inconveniente condiciona notablemente el periodo de adaptación. Para que sirva de ejemplo podría citar alguno de los muchos casos de incomodidad que se nos planteaban:

     Todos estos inconvenientes son fáciles de entender si tenemos en cuenta lo expuesto anteriormente. Pero si a todo ello tuviéramos que sumar que la gente que te rodea no te acepta por el simple hecho de no ser de allí, indudablemente la convivencia se hace mucho más dura. Teníamos que soportar insultos por parte de los niños en los colegios, cuando nos decían “sucio español, has venido a comerte nuestra comida”. Esta frase y otras muchas más, aunque las pronunciaban los niños, eran producto de las conversaciones de sus mayores. Los mismos que recriminaban a nuestros padres “habéis venido a quitarnos nuestro trabajo”. Sin embargo, quienes se autodescartaban de esos trabajos eran ellos mismos, por no aceptar las condiciones que les ofrecían. No eran muchos los extranjeros que accedían a un trabajo cualificado, y si lo hacían era después de pasar por otros que no lo eran tanto.

     No fueron pocas las veces que veíamos llorar a mi madre, y al preguntarle por lo que le ocurría, nos contestaba: “No es nada; es que recuerdo mucho a nuestra familia”. Esto explica que durante todo el año mis padres trabajaran muy duro para conseguir unos ahorros y poder venir de vacaciones a nuestra tierra, donde, lógicamente se lo gastaban todo, y de vueltas a empezar.

     La vida social que allí manteníamos era con grupos de emigrantes, casi todos españoles, entre los que se establecían unos lazos de amistad que son difíciles de imaginar si no se ha pasado por todo eso.

     Como decíamos al principio, nosotros tuvimos la suerte de volver, otros tuvieron que esperar a jubilarse. Muchos se quedaron para siempre porque los hijos que tenían ya habían creado allí sus propias familias. De todos ellos guardo un grato recuerdo. Del país solo el idioma, que también voy olvidando poco a poco…

Jorge Domínguez, Sevilla 24-02-1999”

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  1. ¿Crees que al haber sufrido estas situaciones como emigrante, Jorge tratará de otra manera a las personas inmigrantes?
  2. Si nos planteáramos en situaciones parecidas “cómo me gustaría que me trataran a mí”, ¿en qué crees que cambiaría nuestra forma de ver, mirar y tratar a las personas inmigrantes?