Es un trabajo duro,  pues las máquinas que producen son pesadas, son de diez a doce horas de pie, todos los días de la semana. Además es un trabajo peligroso por el material que se utiliza para fabricar el armamento, los tóxicos que se manipulan provocan dolencias diversas, erupciones cutáneas y hasta sangrados nasales.

El trabajo femenino ocupará el  40% de la producción y especialmente gran parte de la producción armamentística dependió de su labor, apareciendo las munitionettes  como eran conocidas las trabajadoras de este sector en Francia. En Alemania un 38% de los trabajadores de la fábrica de armamentos Krupp son mujeres.

Las  transformaciones sociales comienzan a ser intensas, las mujeres se incorporan a trabajos que habían sido monopolio masculino. Es la guerra la que proporciona oportunidad de adentrarse en dominios de los hombres. Se reclutan a mujeres para policías, sobre todo para controlar la prostitución, se forman como conductoras, deshollinadoras, oficinistas, trabajan en comercio, tareas agrícolas, ocupando cada vez oficios más diversos.

Participan en la guerra como enfermeras, pocas como doctoras, o auxiliares en unidades femeninas de las fuerzas armadas, incluso las mujeres rusas forman  el Batallón de la  Muerte de Mujeres  con 2000 voluntarias, también al mando de una mujer, María Bochkareva.

Abandonan el ámbito privado al que siempre habían sido relegadas, sus tareas domésticas  o acompañar al hombre en compromisos sociales y salen a trabajar garantizando el sustento de sus familias. Pero  cuando se produce el armisticio, las mujeres  se ven obligadas a volver a casa. Los gobiernos se disponen a desplazarlas de los puestos de trabajo que, anteriormente, las habían alentado a asumir.

Empieza a producirse el desempleo entre ellas, a la vez que disminuyen los salarios de las que aún permanecen trabajando. La situación perjudica especialmente a las casadas que ven cerrada la puerta al trabajo, eran las perdedoras.

El fin de la guerra deja un panorama desolador. Gran cantidad de viudas y huérfanos. Muchas mujeres tienen que enfrentarse solas a la vida. Educadas tradicionalmente para casarse, ser esposas y madres, se encuentran con que no hay hombres para todas ellas, por lo que las posibilidades de matrimonio se redujeron.

En el caso de Gran Bretaña, las mujeres esperaban noticias del frente todas las semanas. Los Ayuntamientos exponían las listas de bajas produciendo  inquietud ante  la espera de noticias de sus maridos e hijos. Se estiman en más de dos millones las  mujeres que quedan solteras por falta de pareja.

Son las llamadas “mujeres del excedente” que al ver alterada su forma de vida contribuirán a resquebrajar el sistema patriarcal, iniciando la búsqueda de oportunidades laborales y económicas.

Toda una generación de mujeres, como consecuencia de una de las mayores tragedias de la historia, dejan de depender económicamente de los hombres viéndose obligadas a construir su propia identidad y su futuro bienestar. La imposibilidad del matrimonio supuso la plataforma de despegue social.

Las pérdidas humanas y el regreso de los hombres no siempre en situación de ocupar los anteriores puestos de trabajo provocará que esa puerta abierta ya no se cierre. Las mujeres demuestran su capacidad laboral  e inician la lucha por sus derechos que los políticos no saben evitar.

Los derechos políticos  de las mujeres no existen y ellas, conocedoras de  su valor social, tomarán conciencia de la necesidad de conseguir el derecho de sufragio, siendo sus principales objetivos la participación política, uno de cuyos requisitos es el voto, reformar las legislaciones y en resumen, la sociedad. Pero la mayor de las conquistas viene de la libertad de movimiento y el ejercicio de responsabilidades.

Estos fueron los comienzos de sus conquistas, ya imparables. El feminismo se convierte en un fenómeno en expansión y ya no podrá ser ignorado.

………la guerra había iniciado el cambio.

 

Lola Ayllón

 

 

 

 

   
© IES. Colonial